Siempre ahí, una mala racha, desánimo, pesadez en el vestuario… Pertenecía a la disciplina de un equipo humilde de Primera División. Pasaba los 35, rozaba los 36, casi toda mi generación me envidiaba: los más afortunados jugaban en Segunda, los menos deambulaban por divisiones inferiores o simplemente habían colgado las botas.

Aquella temporada estaba siendo un infierno, el segundo entrenador al borde del abismo, la afición en contra de la mayoría de la plantilla (me salvaban las canas y los pocos galones que me quedaban), y lo que era peor: llevábamos 2 meses sin cobrar.

Con 12 puntos de 42 posibles se mascaba la tragedia. Aquella tarde al llegar al estadio, en el que aún no habíamos ganado esa temporada, se me acercó el delegado del equipo y me dijo “hoy ganamos, viene el equipo amigo”. De no ser porque se trataba de Julio, 4 años mayor que yo y compañero de vestuario durante 6 temporadas, le hubiera mandado al carajo. Tenía razón, recibíamos a un clásico de la Primera, a un grande, pero especialista en romper rachas negativas.

Aquella tarde ganamos, al acabar me abracé a Julio como si fuera un hermano. Aquella tarde se empezó a gestar la salvación con una victoria fácil. Al final de aquella temporada colgué las botas, pero nunca olvidaré aquella victoria frente al Valencia, el equipo amigo.

Buenas Noches y Buena Suerte.

No me voy a esconder, el domingo fue uno de los peores días de mi vida, en cuanto a lo deportivo se refiere, y me perdonarán Falasca, Pascual y compañía, que lograron una gran proeza, cortada vilmente por La 2 de TVE, un escándalo. Me llamó mi hermana nada más acabar la puñetera final: ¿cómo estás? Sabía mejor que nadie cómo me sentía.

Era nuestra final, en casa, la final de los que seguimos desde siempre el baloncesto y de los que lo siguen desde Saitama, de los que no pudimos conseguir una entrada y de los que la lograron, a los enchufados del sillón blanquito: que les peten (no me merecen ningún respeto por muy famosos que sean).

Era nuestra final, debía serlo, todo a punto, el mejor equipo de la historia, al rival le habíamos ganado, jugamos en casa… pero me levanté con mala sensación (no por la resaca), no era el mismo despertar que en Córdoba aquel 6 de septiembre de 2006, no era el mismo que el de la primera victoria de Alonso en Hungría. Llamadme ventajista, estas cosas me suelen “funcionar”.

Un balón, a Holden le entró (si Lenin levantara la cabeza… su Madre Patria Rusia ganando el europeo con una canasta de un americano y con un entrenador yanqui), a Gasol no. En eso se resume la vida, es como el calendario zaragozano: lloverá en algunas regiones, en mi corazón llovió el domingo por la noche.

A pesar de la derrota, ¡GRACIAS CHICOS, hagáis lo que hagáis: sois los MEJORES! ¡Viva el Baloncesto!

Buenas Noches y Buena Suerte.

Cuando se tiene cierta edad y se hace una acusación no vale ser como en el colegio, cuando difamar era gratis, e inocente; los niños viven en un jardín de indulgencia porque su bendita inconsciencia respecto a lo que les rodea aísla su niñez de la vorágine adulta (aunque más bien se podría escribir adultera).

La cultura de la irresponsabilidad es la que reina ahora mismo en los medios de comunicación de nuestro pais, y por ende salpica a la “clase” política -no entrecomillo clase por casualidad-, hizo un escarmiento público con el ciclismo. Se realizó una Ley muy dura bastante después de haber acusado con el dedo de la información a ciclistas, directores, médicos… se filtraron nombres, un gran número de periodistas afines al gobierno pusieron todo su empeño en esta “Cruzada de la Bondad” del siglo XXI, como en una película americana el peso de la Ley cayó sobre los “implicados”. Denostados, apestados y marginados empezaron a desaparecer los que apoyaban al ciclismo, se empezó a reducir el espacio dedicado al ciclismo en los medios, desaparecieron equipos históricos. Los aficionados perdimos la ilusión.

Pasado el tiempo, y con muchos de los “implicados” en el paro o retirados saltó la noticia, buena, pero quizás la peor noticia que le podía ocurrir al deporte: se archivaba la “Operación Puerto”. Un humilde servidor no sabe hasta qué punto ha habido dopaje, transfusiones ilegales o como se le quiera llamar, no sé si ha habido un acuerdo de punto final y tras la retirada de los pesos pesados implicados las autoridades ya tienen lo que querían. El caso es que la justicia ha vuelto a quedar en evidencia, al igual que el cruzado Lissavetzky. No se puede montar el circo mediático de siempre si no se tienen las suficientes pruebas, no se puede hacer una Ley después de detener a nadie (en todo caso antes), no se puede hacer este daño irreparable sólo para colgarse otra medallita polítca, porque detrás del ciclismo hay personas, gente que ha quedado en paro, aficionados dolidos, deportistas hundidos y manchados, y un deporte muy hermoso tocado y al borde del hundimiento. No digo que no haya existido el dopaje, sólo digo que sin pruebas no se puede hacer este daño irreparable al ciclismo. Si quieren luchar contra el dopaje que lo hagan de verdad.

Va por ti Chaba, nunca te olvidaremos.

Buenas Noches y Buena Suerte.

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