Llega el momento del adios, casi sin quererlo y sin saborear todo lo aprendido, que es algo que por desgracia nos pasa demasiado, me marcho. Toca cambio, para bien o para mal, no lo sé, espero que para bien.

He aprendido mucho, no sabéis cuanto: he aprendido a tragar saliva y aguantar a la gente, he aprendido que sales de la facultad teniendo muy poca idea de nada. Ahora sé lo que es llegar cansado de verdad a casa, sé lo que es llegar a fin de mes, sé lo que es levantarte cuando otros se acuestan…

Pero también valoro lo importante y lo poco frecuente (por desgracia) que es tener un título universitario, valoro la multiculturalidad de Javea, no sabéis lo importante que es ganarse la confianza de la gente, sobretodo en una farmacia, donde la clientela es fiel por naturaleza.En definitiva, sé sufrir desde otro punto de vista, pero valoro más los años pasados.

Ahora toca despedirse, he aportado mi granito de arena para bien o par mal, y ha llegado el momento de hacer las maletas. A partir de ahora sólo recuerdos, sólo nostalgia, sólo recordar con cariño estos seis meses tan maravillosos.

GRACIAS A TOD@S.

Buenas Noches y Buena Suerte.

Vamos a ponernos en situación: un colegio cualquiera de España en el año 2200, hora de Historia, tocaba estudiar la segunda mitad del siglo XX y principios del siglo XXI: “La Era Tecnológica y la Globalización”. Los alumnos, de 17-18 años se disponían a escuchar interesados, la mayoría, la Historia que llevó a sus abuelos al desastre.

La profesora, como había hecho con todas las Épocas estudiadas a lo largo del curso, estructuró la lección en: antecedentes, situación económica, pirámide social, hechos acaecidos que desencadenaron el hito a estudiar y consecuencias.

Al llegar a la pirámide social la profesora colgó en la red interna de la clase un esquema con una pirámide dividida en blanco y les dijo: “rellenad la pirámide con los elementos que creáis más lógicos en lápiz. Tenéis diez minutos”. El razonamiento empleado por los chavales era simple: colocar las profesiones, el rango de estudios o su posición social en la pirámide, más o menos como en los siglos anteriores. Era sencillo, les extrañaba que en vísperas de la prueba de acceso a la Universidad la profesora les hiciera perder el tiempo, se miraban atónitos.

Concluidos los diez minutos la profesora les pidió le mandaran a su ordenador los resultados. Ella desde allí fue escribiendo dentro de una pirámide que a su vez se proyectaba a través del cañón del aula. Consensuando con los alumnos elaboró una pirámide más o menos lógica, teniendo en cuenta criterios como: formación académica, negocio propio o ajeno, riesgo asumido al emplear el negocio y dureza física del mismo. Al finalizar con una rápida maniobra el resultado fue el siguiente:

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Los alumnos quedaron perplejos, no se explicaban como los antepasados que tanta tecnología y avances les habían dado podrían infravalorar de ese modo a aquellos que más lejos llegaban en sus estudios, tanto con bajos sueldos como en salidas laborales; cómo podía ser que la gente prefiriera trabajar por cuenta ajena a propia (ser funcionario era el sueño de cualquiera), o ser sindicalista, y cómo por un simple boom urbanístico (que como todo boom acabó) mucha gente con posibilidades había dejado de estudiar.

A la profesora le costó trabajo hacer entender a sus alumnos esta situación, que llevó a penurias y a una gran crisis económica y de valores a la sociedad del siglo XXI. Lo que no le costó tanto trabajo es hacer aprender a sus alumnos fue que una Sociedad avanzada no puede dejar de lado a sus Universitarios.

Buenas Noches y Buena Suerte.

Andaba y peleando contra el reloj a ver si la tarde desfallecía y podía marchar a casa, no diré empezar el fin de semana porque esta semana no va a tener fin, cuando en una de esas el sonido de la puerta me ha indicado la presencia de un nuevo visitante a la farmacia. Dicho individuo, ataviado con su chupa de cuero y su casco venía con una sonrisa y un par de recetas verdes (las que supongo que gastáis casi todos mis lectores) en la mano. No revelaré por secreto profesional de qué medicinas se trataba, el caso es que una de ellas no la teníamos en stock. Le he dado como alternativa al señor, que no era español, un genérico, le he explicado el rollo de siempre:
- Es la misma molécula, el mismo efecto y más barato.
-¿Más barrato? (ponedle acento de coronel de la gestapo). ¿Cuánto más barrrato?
- Espere un momento y lo miro -mientras consultaba en el ordenador (salvaculos cuando no tienes ni puñetera idea de algo)
- Unos seis euros.
- Muy bien fantástico, ggacias (no se me ha olvidado la r en gracias, es que lo dicen así). ¿Parra el otrgo no es igual?
- No señor, para el otro no hay genérico. Serán 36,47 (la cifra exacta no la sé).
- Oh, ahorra puedo tomarr un cubalibre más. Muchas ggacias.
Yo creo que desde que dejé los scouts no había una sensación de plenitud al ayudar al prójimo, ¡qué pasada! Esta noche estoy que no quepo en mí, y no es por lo bueno que estaba el espencat de mi madre, sino porque gracias a mi buena obra del día un afable sajón podrá tomarse otro cubalibre (esta palabra sí la pronunciaba bien) brinando en mi honor. Además la nación (o lo que queda de ella) me debe dos favores: uno por el ahorro al Sistema (para que les puedan seguir subiendo el sueldo a los médicos, pobrecitos) y otro porque he dejado patente el buen carácter de los españoles.
Buenas noches, y buena suerte.